“Francotirador”. El arte de la guerra y sus justificaciones

Este artículo pretende hablar de cine y de política. Peor aún, insistirá en que la vinculación legítimante del primero con el segundo, abstrae al cine de su potencial artístico convirtiéndolo en un objeto que se aleja del arte, y se convierte en comunicación efectiva. Propaganda sistémica y abstracta. Solo eso.

Francotirador, la última película de Clint Eastwood es el ejemplo utilizado. Pongamos por caso esto: la historia de un texano, típico, de edad mediana que elige enlistarse en los SEALS para servir a su patria contra la amenaza islámica terrorista, que va a la guerra y se convierte en el francotirador más letal de la historia de su país, que declara que sus víctimas no eran personas, sino objetivos, y que finalmente es asesinado por un producto del mismo aparato de la guerra estadounidense. Un desecho de veterano que la mata sin razones aparentes.

Elegir este tópico, y convertir al texano duro en un tipo con sentimientos, narrar una historia de amor, patriotismo y valentía, es lo que hace Clint Eastwood apelando a todos los argumentos básicos, rutinarios y ordinarios del cine hollywoodense.

Sin contar mucho el argumento, que es básicamente la historia de un héroe con un final trágico, la película podría aventurarse como un film de drama que intenta explorar la relación patria-amor-familia-deber de un ciudadano modelo. Siendo precisos en la definición, Francotirador nos ayuda a entender lo inexplicable: por qué los estadounidenses sienten a la fábrica de la guerra como el sustento, el motor inmóvil de su ser nacional.

Lograrlo no es difícil: Hollywood tiene en su arsenal, armas más bien poderosas para crear de una montura de barro, un monumento inexpugnable. Así, a medida que avanza el film e indistintamente del aburrimiento o entretenimiento de uno como espectador, el juego eficaz de Clint Eastwood logra establecer en un par de escenas quienes son los buenos, los chicos abnegados que se alejan de la familia por un ideal de libertad y patria que solo puede significar Estados Unidos, y quienes son los malos, que quieren romper un status quo que de modificarse sería el fin de los tiempos, tal como los conocemos.

Antes de proseguir, quién escribe esta reseña no cree en los códigos binarios que establecen buenos y malos, blancos y negros, héroes y villanos.

Pero Francotirador sale a escena en un instante muy particular. La abrupta aparición de Estado Islámico, una fuerza terrorista (financiada por “error” por los Estados Unidos) que amenaza con decapitaciones, lapidaciones, y asesinatos por arrojamiento de edificios a todo aquel que considere enemigo de Alá y el Islam, es el contexto de un film con las características mencionadas.

francotirador

En este sentido, tampoco es despreciable a la hora de pensar esta película, hacerlo como una relación entre su contexto, su escenario político local inmediato y su entorno internacional. Para decirlo claramente, es un mensaje  de Estados Unidos al mundo: estos son nuestros héroes, así de letales, así de enfermos. Así de eficaces.

Por último, la frutilla del postre de este acto legítimante, y por ende un acto comunicativo sin valor artístico es la carta al congreso enviada por el presidente Barack Obama, en la que solicita permiso para atacar con toda fuerza a la organización terrorista Estado Islámico.

El autor de esta nota ha dejado de creer en las casualidades hace mucho tiempo, e infiere analizando todo el entorno a la aparición de esta película que además de ser una buena jugada de mercado, se convierte en un panfleto estadounidense para sustentar argumentalmente su guerra al otro, es decir a medio oriente.

Walter Benjamin no podría haberlo imaginado mejor. Francotirador es la película con más efectividad comunicativa del momento. Cualquier espectador distraído terminará por pensar que hay una fuerza que lucha por el bien y otra que se le opone como contrapartida violenta y denigrante.

Nada más alejado de la realidad. En este caso sí son dos los demonios. O tal vez uno solo, que creo al otro a su imagen y semejanza. Entre líneas, entre escenas, Francotirador justifica un modo de ver el mundo que enfrenta ángeles con demonios.  Nada podría deformar más al mundo real.