“Terremoto”: El arte de la catástrofe organizada

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Película con The Rock. Sueño del imperio con su propia destrucción. Simulacro de las ruinas del tío Sam y despliegue del caos disciplinado. La anarquía planificada respeta las normas de convivencia sagradas: quienes roban atentan contra la propiedad y mueren en el anonimato sin siquiera pasar por los músculos de The Rock. Mueren por obra de la naturaleza desbordada. Selección biológica del capitalismo devenido naturaleza furiosa.
La sociedad mantiene la calma. La gente se ayuda. Más aun: se detiene a ayudar aunque nunca lo haga en situaciones menos extraordinarias. La reacción impulsiva (la huida, la preservación del propio pellejo) es castigada con una muerte sin gloria. Hasta los saqueadores saben morir mejor. Y es que el saqueador actúa fuera de la ley, pero ella lo prevé. Actúa a sabiendas, y con método. El impulsivo, en cambio, se abandona al desorden. Él es la verdadera amenaza porque es imprevisible.
Verdadero sueño masturbatorio de Foucault contemplando la puesta en escena de todos los dispositivos de control internalizados operando 20/20. El ciudadano promedio es un gran militar preparado para todo.
¿Y después qué? Reconstruimos. Perfil dramático de The Rock ante las olas que han devorado a San Francisco. Las 50 estrellas titilan de fervor patriótico en primerísimo primer plano. Una ciudad desaparece pero nadie habla de muertos. Las tragedias sólo dejan sobrevivientes. Los rascacielos han caído pero no hay nada que reconstruir. La sociedad estadounidense ha pasado la prueba. En el fin del mundo todos prestan su pledge of allegiance para asegurarse de que el imperio sobreviva, porque your random citizen es un imperio aguardando la orden para inocular y alojarse en el nuevo huésped. Es tan imperio que se siente cómodo riéndose de su pasado como colonia. Los british no pueden superar la habilidad de The Rock y su familia. La colonia se burla del colonizador mostrando cuánto ha crecido desde 1776. Fuck your Queen, mate.
Nunca una catástrofe fue más glamorosa, nunca un gato cayó mejor parado. Estados Unidos no ha asistido a un acontecimiento artístico de esta magnitud desde el 9/11. Conmovedora estetización de la política. God bless America.