El Hacedor de Mundos

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Diego y Antonella parecen haber nacido en el aire. Sin embargo, esta pareja de trapecistas tiene los pies bien en la tierra. Llevan 5 años trabajando juntos, horas y horas de entrenamiento diarias y un trabajo en equipo constante desde hace cinco meses para poner en escena esta obra que combina lo mejor de la acrobacia profesional con el teatro para niños. “Somos un grupo de cultura autogestionada”, es el llamado con el que los intérpretes nos invitan a verlos. Este fin de semana el equipo de Arroba tuvo la suerte de poder acercarse para que ustedes también los conozcan.

El Hacedor de Mundos comenzó como un proyecto personal de Diego y Antonella y cobró vida gracias al apoyo de la directora Mariana Sanchez (acróbata y directora), Mariángeles Gagliano (bailarina, clown, coreógrafa y directora) y Nicolas Diab (músico y compositor). Este equipo no se conocía hasta que los presentó y unió la directora para el proyecto de Diego y Antonella. Así dieron también con el teatro “El Club de Trapecistas”.

Antonella y Diego bailarines del aire.

Por su parte el teatro tiene una fantástica historia de recuperación cultural que comienza con la emigración de los primeros trapecistas rusos para los festejos del centenario en 1910 y recorre la guerra en Rusia, el montaje del “Circo Estrella del Centario” hasta los años ‘40, la absorción del terreno por parte de una fábrica, su posterior abandono hacia los años ‘90 y la final recuperación del espacio y la historia por parte de los descendientes de estas primeras familias en el año 2004. Todo esto contenido aquí a metros del Parque del Centenario.  Historia que por su parte pueden ampliar en el site del Club ubicado en Ferrari 252, C.A.B.A:

http://clubdetrapecistas.com.ar/index.php/club-de-trapecistas/historia/

Frente a esta práctica circense que cada día está más incorporada en los barrios porteños como hobby o deporte, además de espectáculo, decidimos hacerles una breve entrevista a estos jóvenes artistas que ya emprendieron su primera obra auto-gestionada.

Antonella, Diego,  ¿Cuál es el desafío más grande al momento de poner en escena una obra de acrobacia?

Un gran desafío es que todo lo acrobático sea tan cómodo para nuestro cuerpo como para actuar, improvisar y soltarnos en los personajes y en la dinámica de la historia que vamos contando. Si bien la acrobacia juega permanentemente con el virtuosismo, para nosotros es un lenguaje artístico por el cual contamos una historia. Generamos situaciones y transmitimos sensaciones cuando logramos algún tipo de conexión con el público. Ése es nuestro gran desafío, como el de cualquier artista. Que de algún modo se produzca esa magia tan particular e íntima entre nosotros y el público. Otro desafío es disfrutar cada función como si fuese la única. Aunque tengamos un solo niño en el público, aunque estemos cansados, aunque no haya sido una gran semana, sabemos que tenemos que arraigarnos a los personajes, a la historia y al mundo que inventamos.

¿Cómo sentís que el público recibe el espectáculo?

La devolución del público es lo que más nos carga de energía. Cuando termina la obra nos acercamos a la puerta y escuchamos que los niños quieren volver. Que los adultos nos abracen y nos cuenten que salen emocionados es realmente muy gratificante. Creemos que al público le atrae el conjunto de varios componentes: los colores, la música, los movimientos en medio de una historia divertida y tierna hacen que el público se meta en un nuevo mundo deje de ver acrobacias aisladas. 

¿Cómo es el detrás de escena de la acrobacia?

El detrás de escena es…un gran trabajo. Por un lado está el entrenamiento que es clave para lograr que en escena todo sea natural y accesible. Tomamos talleres, entrenamos solos, hacemos algunas clases particulares. Muchas horas semanales. Por otro lado los ensayos. En un comienzo ensayábamos cuatro veces por semana… ahora ya no necesitamos ensayar tanto. Entrenamos sólo aquellas cosas que sean necesarias y miramos los videos de las funciones intentando corregir cada escena.

¿Cuál es la mayor dificultad a la hora de llevar a cabo una obra autogestionada?

Ahora nuestro trabajo es hacer la difusión ya que al ser un proyecto independiente es un área donde todo se pone más complicado. Si bien en escena estamos solo nosotros y Verónica haciendo la técnica, hay un gran equipo por detrás. Las directoras, el músico, la vestuarista, el escenógrafo, la diseñadora y por sobre todo nuestros amigos y nuestra familia que nos apoyan cada semana. Que nos dan fuerza, fe y ganas para creer en nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.

susto

Después de tener  el gusto de conocer a sus protagonistas personalmente,  nos adentraremos un poco más en la obra. Lo primero que impacta al entrar es cómo la escenografía construye de por sí un mundo onírico, una naturaleza rehecha en su mayoría de papel, llena de colores. Junto a la iluminación, el sonido y el vestuario, que es de  llenan el teatro de magia, preparándonos el camino hacia la ensoñación,  hacia el mundo de la fábula, a través de una escalera que asciende al cielo.

Lejos de parecer simples trapecistas mostrando sus destrezas, los intérpretes de El Hacedor de Mundos ofrecen un espectáculo para todos los sentidos que nos transporta por una hora a un mundo mágico donde la gravedad pareciera no existir. La fluidez de los movimientos nos permite concentrarnos en la trama de la historia y sentir que de verdad asistimos a una historia que transcurre íntegramente en el aire, a más de cinco metros de altura.

En cuanto a la trama, tratando de no adelantar mucho, el personaje de Diego, el Hacedor de mundos, es un simpático ¿duende? que no se anima a volar hasta que una caprichosa y soñolienta Hada, Antonella, de la mano del amor y la amistad, lo ayuda a cumplirlo. Estos dos cuerpos aéreos ponen en escena la magia de la fábula gracias a su destreza (y a su esfuerzo diario) haciendo real el sueño de todo niño de poder volar.

ellos

Dinamismo, coordinación, suavidad en los movimientos son una constante del buen nivel de los dos intérpretes. Por su parte escenografía y sonido se amoldan armónicamente a la obra y permiten que la trama suceda con fluidez.  ¿Una escena preferida? ¡Por supuesto! Las psicodélicas piernas que vuelan detrás del paraguas me parecieron de lo más gracioso y divertido, pero es por supuesto una elección personal entre tanta magia.  Y si aún no creen que es un espectáculo verdaderamente mágico, todos los domingos a las 19hs. en El Club de Trapecistas (Ferrari 252, CABA) podrán ver por ustedes mismos cómo estos dos seres del más allá logran capturar la atención de una flota de niños silenciosamente hipnotizados por una hora amuchándose en la primera fila para poder ver mejor y estar cerca de sus fantasías.

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