Pariendo nuevos cuerpos literarios

Pariendo nuevos cuerpos literarios

La recorporización de la identidad en Mi madre favorita tiene bíceps de Lilian Laura Ivachow.

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El libro de cuentos de Lilian Laura Ivachow llegó a mis manos haciendo trampa. Mi hermana y yo estábamos paseando un día de mucho frío en una feria de editoriales independientes. Pasamos ante el stand de Ediciones La Mariposa y La Iguana, y sabíamos que eso era todo lo que teníamos que ver. Vi que mi hermana había preseleccionado un libro de tapa violeta con un cuerpo de mujer ilustrado (incrustado) en el medio. En ese momento, me di cuenta de que tenía que hacer algo. Astutamente, lo descarté de su pila, la convencí de que se lleve otro, y en un arrebato, en su distracción, lo compré yo. Más tarde, cuando lo leí me di cuenta de que yo tenía que arrebatar al libro, porque el libro un poco me arrebató a mí.

Es que en Mi madre favorita tiene bíceps, se dan a luz nuevas configuraciones del cuerpo acompañadas por nuevos nacimientos de la identidad. Los relatos tienen protagonistas que lidian con asumir quienes verdaderamente son; hay arrebatos de lo que eran hacia algo que deben ser.

El relato más llamativo, aquel que le da título al libro, es donde más se pone en juego esta idea de cuerpo-identidad. La protagonista/narradora atraviesa un nuevo modo de ver, de su cuerpo, el de su entrenadora, y el de su propia vida: cuerpos sirena, híbridos masculinos-femeninos, híbridos etarios, cuerpos recortados y rearmados: bíceps, piernas, bocas, manos y metamorfosis. Hay que ver al otro de manera distinta, hasta que uno se hace distinto: “Era una evidencia que el reflejo no podía desmentir, me parecía a Malvina”. (70)

Al eje cinematográfico que atraviesa fuertemente el libro y es anunciado en su presentación (“Luz, cámara, acción”) me gustaría agregarle el consistente uso del proyector. Para poder armar una nueva identidad, necesito un nuevo imaginario, y para eso, necesito proyectar sobre el otro: proyectar la vida de mi ídola de los ochenta, proyectar la vida y el cuerpo de mi misteriosa entrenadora, proyectar mi vida en videocassette. Pero jamás como mero reflejo, las narradoras proyectan y dirigen (sin miedo de volver a rearmar esos relatos) porque esas imágenes y proyecciones sobre el otro, al yo se le vienen encima. Dentro de estos modos de proyectar, inevitablemente surge una nueva voz: “Era como si los acontecimientos trajinaran solos, como si el tiempo que los había inscripto los removiera de su pasado o como si de tanto exponerlos a mi manera hubieran revivido para que yo misma los escuchara: yo, testigo de mi historia, dictando para mí mi propia clase”. (47)

En estos relatos, la única madre es ese momento donde hay que parirse de nuevo y constituirse en lo que siempre te gestaste para ser. Atravesado por la constitución de identidad de género, por cuestiones que interceptan los modos de ver, por la representación de nuevas voces, nuevos cuerpos y nuevos espacios, Mi madre favorita tiene bíceps es una interesante y necesaria propuesta sobre aquello que todos nos preguntamos: ¿quiénes somos? ¿cómo nos construimos? o, ya que nunca es tarde, ¿cómo nos reconfiguramos?

Ivachow, Lilian Laura, Mi madre favorita tiene bíceps, Ediciones La Mariposa y La Iguana. Buenos Aires: 2016

https://edicioneslamariposaylaiguana.blogspot.com.ar/

 

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